Cómo besar a una chica en la mejilla por primera vez

Cuando el Universo Mira

2020.10.03 04:32 Davidemagx Cuando el Universo Mira

¿Solés mirar a las estrellas? No con ojos que lo dan todo por hecho, sin preguntas en absoluto y sin un ápice de contemplación. No como el sólo acto de elevar la mirada para señalar las luces en el firmamento cuales manchas decorativas burdas en un trozo de seda que usaste y sobre-usaste a lo largo de años, décadas. Sino lleno de inquietud, sin la anestesia de un mundo obviamente a tu alrededor que te brinda la comodidad necesaria para sentirte seguro, protegido, a salvo. Con la misma mezcla de asombro, ansiedad, emoción de el ser pensante que sos pero a la vez con la vulnerabilidad de una hormiga a punto de ser aplastada con todo el peso y fuerza de una realización repentina, cruda, cruel en su expresión indiferente a las respuestas…
Mi nombre es Celeste, no mucho de lo que diga de mi puede resultarte interesante. Una chica más en el pueblo, otro rostro que pasa ente la gente y no muy diferente quizás de vos, con una ligera tendencia a perderme un poco… mucho… en observar las estrellas. Digo, ¿qué más podría hacer un miércoles cualquiera con cielo despejado, una noche quieta, en un pueblo quieto? Todos parecen seguir la misma línea de reunirse, tomar algo, pasar un rato hablando las mismas cosas recicladas pero con distinto tono hasta eventualmente quedar en silencio y desbandarse ebrios. Sin juzgar a nadie… A mi solo me gusta observar…
Esa noche no era diferente a ninguna, familia a la mañana, amigas a la tarde y a la noche en casa cerrando el aburrimiento con alguna película repetida a la que prestaba atención a medias. Sin darme cuenta de la hora ni del cómodo trance en el que m encontraba gracias al efecto placebo del ruido blanco de la televisión y el brillo de la pantalla del celular; eso es al menos hasta que la luz se pagó. Otra noche de verano, otro apagón en el pueblo, así que hice lo que casi cualquier chica que tiende a mirar al cielo hace, salí al patio por un poco de aire y aprovechar el cielo nocturno en su puesta máxima. De verdad, lo damos por sentado sólo porque sabemos que está sobre nuestras cabezas y crecimos viéndolo hasta que simplemente lo ignoramos como parte de nuestro entorno, como sucede con nuestras narices, que son visibles pero el ojo humano aprende a ignorarla. Esta noche era perfecta, la luna brillaba lo suficiente para dar claridad y las estrellas en su sana soberbia disputándose el brillo. Son todas igualmente bellas… De todas maneras mis 5 minutos de meditación se vieron interrumpidos por el regreso de la electricidad que cubrió el manto con la contaminación lumínica típica de las urbes. Sin embargo no quise volver al estado semi-vegetativo anterior por lo que busqué una excusa para salir de casa a esas horas; hay un lugar en el pueblo lo suficientemente alejado de la urbe y lo suficientemente elevado para que el aire se sienta distinto y si te sentas por el lado que ignora al pueblo, una noche asi, casi se siente la infinidad en el pecho si la miras por un momento.
Una vez allí silencié el celular para no contar con interrupciones, me senté a suelo descubierto y solo fijé la vista sobre la cúpula oscura dejándome empapar de lleno con calma entre respiros profundos. De inmediato comencé a relajarme, poco a poco despejando la cabeza. Inhalar, un pensamiento, exhalar, dejarlo ir… Estaba en blanco. Los sonidos lejanos del pueblo se fueron apagando de a uno hasta ya no ser más que el viento susurrando en mis oídos. Caí en un estado de paz tan profundo que incluso el viento apagó su voz y en ése momento fuimos nada más que el universo y yo. Lo estaba viendo desde mi burbuja y sentí un frío bajar por mi espalda. Raro, inesperado. Sentí el corazón latir con fuerza pero sin agitarse, la sangre fluir calma como la corriente de un río en mis venas y mis pupilas dilatarse. El universo me estaba mirando también, y me veía directo a los ojos, sin dejarme escapar. Perdí control sobre mi propia voluntad, no podía moverme ni bajar la vista, ni pestañear, la sensación de un vacío incontenible e imposible de llenar comenzó a crecer en mi pecho, extendiéndose a cada parte de mi ser vulnerado. Lo sentí tomarme sin poderme resistir, cada estrella, cada espacio vacío me estaba devolviendo la mirada a la vez y entraban por mis ojos como una sola entidad tan poderosa como jamás habría creído posible. Me sentí minúscula, sentí la humanidad entera con sus logros y conflictos, al planeta vasto y aún sin terminar de explorar, tan pero tan irrelevantes en un esquema que escapa a mi sencilla mente, sentí miedo y angustia. ¿De verdad esto es todo? Todo lo que representamos, todo lo que somos. ¿Esta es nuestra única opción? Existir en un lugar en un rincón flotando en el vacío absoluto y frío del espacio como un ataúd del que no podemos salir para pisar otro lugar, y sé que aquello me asustaba pero sin embargo no me sentía atacada. Estas preguntas no eran forzadas en mí ante la revelación de un universo consciente de mi existencia a través de una mirada, estás preguntas nacían desde lo más profundo de mi inseguridad, de todas las angustias. ¿Qué soy yo en relación al tiempo? No marco un antes o un después, ninguno de nosotros lo hace. El universo estuvo aquí desde siempre y seguirá estando mucho después de que toda nuestra galaxia deje de existir, arrastrando al olvido cualquier rastro posible de que alguna vez existimos. Es sólo cuestión de tiempo. Tiempo… Y no hay una sola cosa que podamos hacer para evitarlo. No tiene sentido… Parpadeo. El universo levanta su influencia instantáneamente y vuelve a ignorarme. Tiemblo, me aprieta el pecho, el aire me falta, aturdida me pongo de pie y camino hasta la moto. Me toma unos instantes recuperarme por completo. Ya no quiero mirar hacia arriba. Arranco y me voy a casa, yendo a la cama tan pronto cruzo la puerta, a pesar de cargar con el peso de una aflicción insoportable, el sueño no tarda en encontrarme.
Despierto temprano, antes incluso de que mi familia lo haga. Un extraño silencio se filtra desde las paredes, el techo, el suelo. Está en todas partes. No hay pájaros cantando, o perros ladrando, no hay nada… La luz que se filtra por las ventanas y la puerta es, no obstante, tibia y reconfortante. Escucho un golpe en la puerta de en frente y me levanto sin pensarlo o siquiera meditar por lo extraño del ambiente. Tampoco podía decir qué hora era; sabía en donde estaba, reconocía mi casa, sabía la ubicación exacta de cada uno de mis familiares en sus habitaciones… no, podía sentirlos aún cuando no los estuviese mirando. ¿No lo entiendo? Podía sentir a los vecinos de al lado, a las aves en el cielo y en los árboles, a los peces en el océano… ¡Podía sentirlo todo! Desde el espacio entre cada uno de nosotros hasta el último átomo en cada rincón de una inmensidad inconcebible. Todo, absolutamente todo se encontraba detenido, suspendido en su lugar. Pude percibir partículas de luz crearse y llegar a mí por los espacios a través del marco de la puerta y la puerta. De nuevo, un golpe firme, uno sólo. Sin miedo me acerqué y abrí. Afuera todo se veía normal excepto por esta… ¿pausa…? ¿quietud…? Mis ojos cayeron sobre una carta en el suelo, a mis pies. El papel era suave y poroso a la vez, se sentía viejo... “Para Celeste.” Leía la inscripción en el dorso en letra que parecía de puño a la vez que impresa a máquina o por algún tipo un mecanismo. Todo acerca de la carta se sentía antiguo y nuevo a la vez. Como si hubiese sido escrita mucho antes… mucho antes de… no sé… y sin embargo también se sentía reciente. Doy vuelta la carta y el frente estaba lacrado con… Bueno, tenía las características de la cera pero era dorada y destellaba plata como un metal de aleación extraño, no sé cómo ponerlo en palabras que lo expliquen, e incluso la superficie suave del sello, en inspección cercana, tenía diminutas partículas de colores que jamás había visto. En el centro, un símbolo similar a G mayúscula con puntos, líneas y… ¿vacíos? Había una cantidad tan grande de detalles en él que donde me fijara algo nuevo surgía, contenido todo en un espacio que apenas llegaría los tres centímetros. Entendí al mirarlo de lejos, de alguna manera, los detalles en el sello representaban al universo en su totalidad. Sé que para la pre concepción de espacio que tenemos eso debería ser físicamente imposible, no obstante allí estaba, tan simple y complejo que referirlo como hermoso o bello, incluso perfecto, es opacarlo.
Abrí la carta sin forzar el sello, que desapareció en un haz de luz. La misma letra redactaba con prolijidad que jamás había visto. El meticuloso espacio entre cada letra cursiva, los márgenes perfectamente alineados, los espacios entre renglones. Todo parecía ser un opus magnum. Al fijarme en la fecha en el encabezado noté que en ella podía leer todas las fechas al mismo tiempo, desde el inicio del tiempo a in infinito que se extendía profundo en el papel cuanto más lo observaba. La redacción en sí era de carácter administrativo pero no legal. Se sentía personal, como si formara yo parte de… de… algo. De nuevo, una sensación que no puedo traducir. No voy a marearlos más, la carta decía esto:
“¡Hola, Celeste,
¡Felicitaciones! Tuviste tu primera crisis existencial. Mientras que los efectos de pánico no fueron producto de nuestras intenciones, te pedimos perdón por nuestro (¿Intencional?) descuido. En nuestra infinita sabiduría solemos ser insensibles a la manera en la que otras especies mucho más jóvenes que la nuestra lidian con las emociones, si es que acaso somos sensibles a las emociones en absoluto y prometemos tener mejor cuidado en posteriores revelaciones como las que fuiste capaz de atestiguar. No podíamos llegar a vos de otra manera, tampoco hacernos presentes de manera física ante vos, no tenemos una forma que puedas reconocer, no tenemos una lengua que puedas entender, y no tenemos las dimensiones que puedas reconocer, así que elegimos una simple carta como el medio ideal para alcanzarte.
Nos complace tu apreciación sobre nuestro trabajo, creenos, trabajamos duro durante eones para que tu especie y millones de otras a lo multidimensional del universo puedan disfrutar, no obstante lo avanzados o primitivos que sean. Nos complace aún más observes llena de maravilla, duda, angustia y nostalgia. Lamentablemente el ser humano pareciera estar perdiendo la capacidad de asombro o el interés sobre la naturaleza que lo rodea, sea en su propio hogar como fuera de la cúpula celeste que recubre su esfera en su humilde rincón. El cual, si nos permitís el afano, no fue nada intencional. Ahora y casi sin otros preámbulos, permitinos un intento por darle explicación a tus recientemente adquiridas inquietudes.
Creamos este universo fuera de un capricho. Existimos en un plano inalcanzable para las especies de un orden estrictamente físico como la tuya, como es nuestra modesta intención que lo sean. Dicho plano se sostiene de la energía colectiva de todos los universos en los que sus habitantes compartan un insaciable apetito por explorar lo desconocido, saciar la curiosidad mientras encuentran respuestas a los fenómenos de la naturaleza y trascienden más allá de sus formas básicas. Nosotros mismos no sabemos decirte de dónde provenimos, aún siendo las entidades que somos, existen otras aún más antiguas a las que nuestras propias leyes obedecen e intentamos (todavía) dar explicación. Sólo podemos decirte con certeza absoluta que tu rol, el rol de todos, de todo, tiene su lugar definido en el cuándo cósmico en el que transcurre. Servimos a su causa tanto la causa nos sirve.
"La causa,
Verás, querida Celeste, entienden al universo como un algo infinito que jamás acaba. En realidad, todo universo es plausible de acabar. En el párrafo superior mencionamos que nuestro plano se sostiene de la energía colectiva de los universos cuyos habitantes compartan un insaciable apetito por explorar el infinito, tristemente esto implica la existencia de universos que no cumplen con el sólo requisito para mantenerse en existencia. Aquellos universos que mueren, sean jóvenes o antiguos, se caracterizan por una sola cosa: la falta de curiosidad. Sólo cuando dejan de buscar más allá de sí mismos (entiendo por ello la totalidad de lo que han llegado a adquirir en materia de sabiduría y, la palabra que ustedes usan es ciencia) es cuando inevitablemente comienzan a morir y sus universos hacen implosión hasta ser la misma nada que al mismísimo inicio de su creación. Tristemente para nosotros, creadores, nada podemos hacer para cambiarlo. Nuestro acto creador se ve sujeto de la forma más estricta al libre albedrío de cada especie. Sólo podemos formar y reformar, retocar, mover, inventar dentro de cada universo pero al final depende de cada uno de ustedes el mantenerlo con vida. Y esto es sólo el comienzo.
Desde el átomo a nosotros, a los seres que nos han creado a nosotros mismos hay compartida una sola base en común, el origen. Vos misma estás compuesta de incontables átomos, bueno, incontables para ustedes. Calculados y premeditados para nosotros. Eso significa que dentro tuyo existe todo un universo. Cada uno de ustedes lleva consigo universos enteros. ¿Ves a dónde vamos con esto?
Todo lo que son, lo han sido siempre. Todo lo que serán, ya lo fueron, y algún día ustedes serán nosotros y nosotros seremos ELLOS, nuestros creadores. El origen y propósito entero de el todo absoluto es trascender a planos cada vez más altos de existencia. Cada universo al expandirse va recolectando la información dentro de sí para que, a medida que sus especies son y van dejando de ser, unifiquen en un punto común por debajo del nuestro hasta ser lo suficientemente complejos y completos para dar vida a uno de nosotros. No podemos existir sin que ustedes existan y su universo no puede existir sin nosotros, y ustedes. Este ciclo perpetuo no ata a nadie. Grandes civilizaciones nacieron y se fueron sin trascender, algunas cerca de lograrlo, otras no tanto. Por capricho o por una sensación de totalidad falsa que las llevó a relajarse y destruirse. Universos enteros, tantos que son inconcebibles (para ustedes) lastimosamente se apagaron…
El universo que habitas es joven, las especies con las que lo comparten varían en edades y avances y sin embargo todas, por ahora, miran hacia afuera con ojos de contemplación. El propósito tuya es mantenerte curiosa, por insignificante que sientas ser. Tu lugar en el gran esquema de las cosas se justifica en escalas de tiempo que no podrás medir pero que sin embargo suceden. Volviendo al ejemplo de los átomos, ellos te forman a vos. Tu galaxia entera es un átomo, su universo entero es uno de nuestros átomos. Cuando uno de ustedes muere regresa al universo en forma de energía y conocimiento que se acumula con la de otras especies. Cada vez que miras al cielo estas observando a tus antepasados y a la totalidad entera de lo que fue, y en cierta manera también de lo que será. Universos como el tuyo son tan exitosos que en eventos fuera de nuestro control renacen por si mismos, cada iteración infinitamente minúscula a la anterior hasta eventualmente ser tan pequeña que la nada lo reclama. Vos ya fuiste y volverás a ser. Un día serás nosotros también, al menos en tanto las corrientes de albedrío no cambien…
Permitinos bajar a tu humilde nivel y besar tu mano, y rogarte. No dejes jamás de preguntarte. Te dimos propósito y vos nos lo das a nosotros. Existimos de manera simbiótica, conectados y no podemos sin esta relación mutua. Nos viste porque elegimos verte, porque sentimos que están quedando atrás, porque queremos que nos alcancen. Una especie tan hermosa, tan joven, tan sumida en sus conflictos internos que lentamente están olvidando de hacer algo tan simple como mirar para arriba y preguntar “¿Qué más hay?” y la respuesta es sencillamente “Hay tanto como se permitan descubrir.”
Eso es todo, Celeste. Contamos con tus miradas a las estrellas cada alguna que otra noche y con tu hermosa curiosidad.
P/D: Es hermoso ver tus ojos cuando las estrellas brillan maravillosas en ellos.
 Nosotros.” 
Y eso fue todo. Tan pronto terminé de leerla la conciencia sobre todo lo que me rodeaba se desvaneció. El movimiento regresó, los sonidos también y lágrimas en mis mejillas descendían hacia una sonrisa de gratitud. El papel perdió su forma inicial y en su lugar ahora era una ordinaria hoja de oficina con letra impresa a máquina. Ruidos tras de mí indicaron que ya todos estaban despertando por lo que era hora de volver a mi rutina, a mi lugar y propósito. Algún día yo también veré a los ojos de un ser diminuto desde mi lugar supernatural y al verlo también diré “Gracias por mirarme.”
Fin.
Por Davidemagx.
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